Fecha de publicación: 22/01/2026
Hacia el año 1952, el río Tescual sufrió un represamiento que posteriormente derivó en una avalancha de gran magnitud, como consecuencia de fuertes lluvias continuas que se prolongaron durante aproximadamente quince días. Este represamiento se produjo en el sector conocido como El Calabozo, en cercanías de la vereda Quebrada Blanca, generando una situación de alto riesgo aguas abajo.
Al conocer la gravedad del hecho, habitantes del municipio dieron aviso oportuno a las autoridades municipales, advirtiendo sobre el peligro que representaba la represa formada en el cauce del río. Este episodio quedó registrado en la memoria histórica local y fue citado por Laureano Benavides Revelo en su libro Monopamba, donde señala:
“Que no resulte como el famoso caso del río Tescual, cuando en peligrosa represa amenazaba con vidas. Los dirigentes de la comunidad puerrreña se dejaron dominar por el egoísmo, el pesimismo y la porfía; entonces el problema fue tremendo en las consecuencias desastrosas…” (Revelo, 1964, p. 67).
Finalmente, la represa cedió y dio lugar a una avalancha que causó graves daños a lo largo de la ribera del río Tescual, arrastrando grandes cantidades de lodo, piedras y madera. Durante el evento se encontraron numerosas truchas muertas, evidencia del impacto ambiental que dejó la creciente súbita.
Uno de los daños más significativos fue la destrucción del antiguo puente que comunicaba al municipio de Puerres con el corregimiento de San Juan, al desembocar el rio Tescual en el rio Guáitara. Ante esta situación, fue necesario implementar medios alternativos de transporte para garantizar el paso de personas y bienes. Como se observa en fotografías de la época, se utilizó inicialmente una balsa para cruzar el río.
El señor Edgar Eduardo Garzón Bacca recuerda que, para ese entonces, su familia residía en el municipio de El Contadero. Su padre, Eduardo Garzón Thomas, era funcionario de la Caja Agraria, mientras que su tío, Buenaventura Garzón Thomas, quien se desempeñaba como rector del Colegio de Pupiales, prestó una balsa de su propiedad para facilitar el transporte de la ciudadanía de Puerres, mientras se instalaban un cable y una tarabita como soluciones temporales.
Asimismo, relata que a su tío Edmundo Garzón Thomas la avalancha le destruyó por completo la casa solariega de la finca San Juan, llevándose el agua todo a su paso; afortunadamente, la familia ya había emigrado al Ecuador, lo que evitó una tragedia mayor.
La balsa era halada manualmente por trabajadores ubicados en cada una de las orillas del río Guáitara. Posteriormente, se instaló una tarabita con cables de acero, que también requería ser halada por una persona en cada extremo. Este servicio implicaba un pago para quienes necesitaban cruzar. Aunque también se intentó el paso a caballo, este medio resultó altamente peligroso debido a la fuerza de la corriente.
Fuentes: Revelo, L. B. (1964). Monopamba. Pasto: Tipografía FENIX.
Entrevistas: Edgar Eduardo Garzón Bacca
