El entonces Beato Ezequiel Moreno en el municipio de Puerres firma el 27 de enero su pastoral cuaresmal de 1905 (Carta pastoral que dirige al Ilustrísimo Señor Obispo, al clero y fieles de su diócesis con motivos de la cuaresma del año 1905). Torna en ella sobre un tema que ya había desarrollado en 1902; la unión de los cristianos. Las circunstancias políticas le habían dado nueva actualidad. La nación y sus habitantes necesitan y reclaman la unión y, por eso, hablan y discuten sobre ella. Pero no cualquier unión es apta para generar paz y prosperidad. Es menester acertar con una unión autentica, que descanse sobre principios sólidos, conformes con la ley de Dios. Es en el fin que le mueve a afrontar de nuevo el tema: “Hay necesidad de unión, pero hay que establecerla debidamente y según Dios, para que resulte de ella la verdadera paz. Por esta razón expondremos es esta Carta Pastoral qué es lo que quiere Dios sobre este importante punto de actualidad.
En esta pastoral, el padre Ezequiel adopta un nuevo método expositivo. A primera vista, parece que no hay en ella casi nada de carácter personal. El autor renuncia a su lógica, a su estilo ardiente y fogoso, y hasta a sus propias palabras. La mayor pare de ella es un simple centón de textos bíblicos y pontificios, engarzados en glosas y apostillas del padre Felipe Scio (1738-1796). Sin embargo, en ella está entero el padre Ezequiel. Suya es la disposición lógica de la materia, suyo el espíritu con que están seleccionados y aplicados los textos y suyas son las conclusiones que extrae de ellos. Con todo, éstas también ofrecen alguna novedad. Están expresadas de modo menos categórico y polémico, y aluden a aspectos de la vida práctica en que la unión y colaboración de católicos y liberales no solo es posible, sino conveniente y hasta necesaria, sin que sea menester renunciar a los propios ideales teóricos. En esas precisiones reside la importancia de esta pastoral. Todo lo demás suena a repetido.
Fuente: Ángel Martínez Cuesta, Beato Ezequiel Moreno, El camino del deber. Roma. 1975. Pag 522-523
