Floresmilo Flórez Figueroa

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  • Última modificación de la entrada:23/10/2025
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Fuente: Lucía Pérez Flórez.

EI padre Floresmilo, como firmaba, o Floresmiro según su partida de bautismo, perteneció a la comunidad de los Capuchinos con el nombre de Fray Remigio de Puerres y se secularizó más tarde por orden de la Santa Sede a petición suya. En muchas de sus obras aparece firmando como Fremigio (contracción de Fray Remigio) debido a la censura que le imponían sus superiores eclesiásticos, quienes no apoyaban sus inclinaciones artísticas. Se afirma que, en alguna ocasión, uno de estos superiores arrojó al río de la Panadería, antes de que éste fuera canalizado, un baúl que contenía partituras de las obras del Padre Flórez. Este comportamiento pudo estar motivado en la idea un tanto obtusa de que Flórez debería componer música religiosa y no popular, como, al parecer, era su más firme inclinación. 

En sus años de sacerdote diocesano fue párroco de algunas pequeñas localidades en Nariño, Cauca y Caquetá. Comenta su sobrino Delio, quien lo acompañó por muchos años, que era un sacerdote sumamente estricto y temperamental, al punto de detenerse en medio de una procesión para obligar a participar a los jóvenes que miraban desde las esquinas o suspender la misa para recoger personalmente la limosna. Su instrumento preferido fue el piano frente al cual pasaba largo tiempo componiendo y arreglando obras para las diferentes bandas que tuvo la oportunidad de dirigir. Además de la actividad bandística, Flórez fue creador y director de la orquesta Santa Cecilia, agrupación que llegó hasta 1999 gracias a Ignacio Burbano y que, en los años 30, la dirigía Juvenal Granja Luna (1877-1939). Flórez también dirigió la Unión Musical Nariñense creada por José María Navarro, asociación que no tuvo igual duración como la anterior. Se dice también que dirigió la Banda de Pasto, pero esto es muy impreciso, porque no se ha encontrado ningún soporte documental que lo compruebe.

Compuso Cisnes del lago, un fox-trot escrito en dos partes con una introducción de doce compases en el mismo tono de la primera parte, en la agotada y desgastada tonalidad de Re menor, lugar común de la música popular colombiana. La segunda parte escrita en Re mayor, presenta un tema rítmico y alegre muy bien logrado y sin ningún tipo de excesos. Este fox-trot se ha difundido ampliamente a nivel nacional y ha sido arreglado para diferentes formatos e incluso posee letra que fue escrita por Justino Revelo Obando (1927-2000), su coterráneo, y arreglada para cuarteto vocal por éste mismo, pero hasta el momento inédita. Los versos iniciales del texto de Revelo dicen: Los cisnes retozan muy lejos del puerto,/allá en la ribera del piélago inmenso./ Raúl Rosero en su CD “Nuevo Nariño» presenta un tema con el nombre de El cisne del lago compuesto por Fray Remigio de “Pupiales” que al parecer se refiere al fox-trot en mención y al Padre Flórez, pero la música corresponde a una danza que se llama El cisne, compuesta por el venezolano Ramón Carrasco y grabado alrededor de 1935 por el Cuarteto Flórez; el primer verso dice: “Un cisne más blanco/que un copo de nieve».

Este mismo tema, el de Carrasco, fue interpretado por el grupo Raíces Andinas en el año 1988, con el cual ganó el primer premio en la modalidad de Mejor Interpretación en el concurso Mono Núñez con el nombre de El Cisne, compuesto por Fray Remigio de «las Casas», que parece referirse también al Padre Flórez, y grabado en el LP de ganadores del mismo año, lo que deja en entredicho la idoneidad del jurado. En el año 1989, dicha agrupación también grabó esta misma obra en el LP «Valle de Piedra». Del fox-trot Cisnes del lago de Floresmilo Flórez existe una versión realizada en Argentina por la Estudiantina Colombiana de Terig Tucci en agosto de 1937 y es una de las más importantes que se conocen hasta el momento.

Otra obra conocida es A orillas del Guáitara, pasillo lento que posee la peculiaridad de estar constituido por cuatro partes: tres en La menor y una final en La mayor. Es una rareza si se mira desde las formas tradicionales y no desde la nueva visión de la música colombiana, la cual plantea cambios métricos, forma libre, instrumentación atípica, mezcla, fusión, etc. Tal vez, y condicionados por el gusto personal, la pieza más hermosamente elaborada es el Pasillo Muerte tranquila, cada una de sus partes posee temas equilibrados e independientes que muestran madurez compositiva y buen gusto. No es muy conocido a pesar de haber sido incluido en la Antología de Compositores Nariñenses grabada en CD y financiada por el Fondo Mixto de Cultura de Nariño en 1995.

Su vida estuvo llena de música; en cada parroquia en la que trabajó siempre se rodeó de agrupaciones instrumentales y corales para el acompañamiento de los deberes religiosos y demás actividades de su labor sacerdotal. Compuso un número representativo de obras de las cuales algunas se conservan en partitura, las demás no son más que meras evocaciones. Aquellas que están a buen recaudo son: Cisnes del lago (fox-trot), Laura (Danza), Memento mei (Marcha fúnebre), Vencedores (Marcha), En el valle de Atriz (Danza), Magnolia (Danza), Gerámeli (Tango), Muerte tranquila (Pasillo), Libertad y orden (Marcha), El hermano pollo (Marcha), De Pasto a Leticia (Marcha), Fuego paisanos (Pasodoble), A orillas del Guáitara (Pasillo), Zapadores de Ayacucho (Marcha), Himno a la Virgen de la Mercedes, Pensil florido, Noche estrellada (Marcha). Sobre estas dos últimas no existe mucha seguridad de su autoría.

El Padre Flórez nació en la pintoresca población de Puerres el 14 de agosto de 1899 y murió en San Juan de Pasto el 30 de noviembre de 1962. Su legado musical ha dejado honda huella en todo el territorio nacional. 

 Bastidas España, J (2011). Compositores Nariñenses de la zona andina, incidencias y declive de la música tradicional, 1860-1917 pp(163-165). Universidad de Nariño