Fray Remigio de Puerres
El municipio de Puerres, localizado en la exprovincia de Obando, lindante con el Departamento del Putumayo y cercano a la frontera con el Ecuador, es célebre históricamente porque en su territorio finalizó la guerra de Los Mil Días, concretamente en el campo de Tescual, con la muerte del comandante del ejército revolucionario, General José Avelino Rosas, el 20 de septiembre de 1901.
En 1962, escribí un ensayo histórico sobre las principales producciones musicales y sobre detalles humanos del famoso hijo de San Francisco, que en la comunidad capuchina se llamó Remigio de Puerres, y ya como sacerdote seglar recobró su nombre de pila, Floresmilo Flórez, según determinación de la Santa Sede, en la licencia que por motivos familiares le concedió para vestir la sotana negra, y ejercer el ministerio parroquial. Una síntesis de ese ensayo, he querido transcribirlo, por creerlo el más ceñido a la verdad, para que forme parte de esta serie de micro biografías que he venido publicando.
De novicio, en unas vacaciones, visita su tierra natal, Puerres, cuyo límite norte está bañado con las aguas del río Guáitara. Al contemplarlo y recordar los años de su infancia pasados a su lado, se impresionó y la inspiración del genio tejió en forma maravillosa aquella urdimbre de notas que más tarde se llamó «A orillas del Guáitara». Alguien que sabe muy bien del divino arte, me decía que, en las notas de esta composición musical, está agazapado el Guáitara, con sus violentos choques contra las piedras y las rocas y también con sus remansos y leves rumores de las aguas, a veces amenazantes y otras acariciantes y tranquilas.
En otra oportunidad, la comunidad de padres capuchinos de Pasto, realizaba una excursión a «La Cocha». Desde la hermosa isla La Corota, Fray Remigio contempla la belleza del paisaje. Su sexto sentido, el musical, nuevamente se estremece de emoción. En su cartera de «rasguños», como graciosamente llamaba a su libreta de apuntes, traza el pentagrama, y empieza a vaciar el torrente de su inspiración. Aves blanquísimas, con placidez infinita, se levantan hacia el azul, para luego, retornar al espejo del lago y seguir el viaje por interminables caminos de espumas, de ilusión y de quimeras.
Mientras tanto, sobre la cartera de apuntes de Fray Remigio, había nacido una obra inmortal: «Cisnes del lago», que aún recorre todos los espacios del mundo.
El conflicto colombo-peruano, surgido por la alevosa ocupación de Leticia por militares peruanos en 1932, conmocionó los corazones colombianos. Hasta la celda de Fray Remigio también llegaron las clarinadas de la guerra. Entre los soldados nariñenses que viajaron a las selvas del Putumayo a defender la integridad nacional, estaba un pariente cercano del religioso, quien después de despedirlo, produjo su famosa obra «De Pasto a Leticia», marcha triunfal, que fue adoptada oficialmente por el ejército de Colombia, para los desfiles militares, en las grandes fiestas de la Patria.
Además de «Cisnes del lago», «A orillas del Guáitara», «De Pasto a Leticia», que son las composiciones musicales más conocidas de Fray Remigio de Puerres, sus compañeros de comunidad religiosa, con motivo de su muerte, ocurrida en Pasto, el 30 de noviembre de 1962, revelaron que no menos de 150 producciones conformaban la obra artística del meritorio hijo de San Francisco.
En lo referente a música religiosa, son conocidas por haberse interpretado en varios templos de Pasto, el famoso «Dies Irae» y «Misa de Requiem», además de varias letanías y cantos eucarísticos que utilizó posteriormente en las parroquias que le correspondió servir.
Como buen hijo de San Francisco, Fray Remigio fue modesto, desprendido, alejado de los honores. Cuando aparecieron los primeros discos grabados con sus composiciones, se dijo que ganaba mucho dinero o mejor, que lo ganaba la Comunidad, por el voto de pobreza que había hecho. Pero, en realidad, parece que el contrato fue mal hecho y que la casa grabadora sólo le reconoció dos centavos por cada disco vendido, sin fijar límite en las emisiones. La Casa Victor hizo un magnífico negocio, no solamente en Nariño y en Colombia sino en el extranjero.
Recordamos que un gobernador de Nariño, lo nombró Director de la Banda Departamental, cargo que no aceptó, porque las reglas de su Comunidad se lo prohibían. Renunció otros honores y homenajes que se trataba de hacerle, por parte de entidades oficiales y particulares.
Con la consagración de Fray Remigio como grande de la música, se fundaron en Pasto varias agrupaciones artísticas que recibieron sus orientaciones. Entre ellas, figuró en primera línea la orquesta «Santa Cecilia», a la que consagró sus mejores afectos. Varios de los artistas que fueron y que son orgullo de nuestro mundo musical, recibieron de Fray Remigio las primeras lecciones y las más provechosas enseñanzas. Merece especial mención Luis E. Nieto, el autor del famoso fox «Viejo Dolor», obra conocida mundialmente y que fue pasada al pentagrama, por el religioso, directamente del requinto virtuoso de Nieto, quien reconocía agradecido, orientaciones que había recibido, para la perfección de sus numerosas producciones.
Cuando la Santa Sede le concedió licencia para dejar la Comunidad, recobró su nombre de bautismo, Floresmilo Flórez, en esa condición fue nombrado párroco de Cumbal y luego de Ancuya, donde fundó unos coros de jóvenes cantores. En una velada lírico-musical, presentada con motivo de la fiesta patronal, quedé sorprendido de la armonía y propiedad con que actuaron estos jóvenes, bajo la batuta de su director y párroco. Con esta continuidad artística, quedó demostrado que carecía en absoluto de validez, la conseja de que San Francisco había quitado al padre Flórez el precioso don de la música, por haber cambiado el sayal café por la sotana negra.
El padre Flórez, dejó este mundo a la edad de 63 años, en medio de la pena de los músicos de esta tierra, pero con la alegría de los coros celestiales.
